
Despidos en IBM y la excusa de la IA: debate en TI
¿Te has fijado en que la "transformación con IA" siempre parece llegar justo antes de los despidos masivos? Con puntualidad milimétrica. En un momento la empresa presume de beneficios récord y de "crecimiento estratégico", y al siguiente manda a miles de personas a buscar empleo en internet justo antes de Navidad. En esta ocasión el detalle llega por cortesía de IBM, así que feliz Navidad de parte del Gigante Azul.
Los titulares son asépticos: "IBM despedirá a miles de empleados antes de fin de año". Sin emoción ni contexto, solo otra ronda de "reestructuración". Sin embargo, no hace falta buscar mucho para entender lo que ocurre. La tecnología y la transformación pesan muy poco aquí; lo que de verdad manda son los márgenes de beneficio y los aplausos de Wall Street.
El manual corporativo, edición 2025
El patrón resulta dolorosamente predecible: despiden a personas, culpan a los robots, lo etiquetan como "innovación" y observan cómo la acción sube un tres por ciento.
Las corporaciones llevan décadas recurriendo a palabras de moda para justificar recortes de costes. Las etiquetas cambian, pero la lógica sigue intacta. "Eficiencia", "optimización" y "transformación con IA" son envoltorios nuevos para el viejo truco de podar nóminas para impresionar a los inversores.
En el pasado, la dirección culpaba a la deslocalización o a la automatización. Ahora invocan la IA como si fuera una mano invisible que les obliga a tomar decisiones difíciles, cuando lo que en realidad dicen es: "Preferimos recortar personas antes que recortar dividendos".
La máquina de excusas de la IA
Cada pocos años aparece un chivo expiatorio nuevo para maquillar la avaricia corporativa, y ahora mismo la IA es la tapadera ideal. Suena futurista, suena necesaria y parece progreso incluso cuando no lo es.
La ironía es evidente. Algunos de los departamentos que desarrollan herramientas de IA son precisamente los que sufren los recortes. IBM y otras empresas lo llaman "realineación estratégica". Traducción: sale más barato hablar de construir el futuro que pagar a la gente que lo construye.
"La IA es una burbuja", comentaba hace poco un analista del sector. Yo diría que es una burbuja de lógica tanto como de tecnología. Los ejecutivos recurren a la inteligencia artificial porque esquiva responsabilidades, mucho antes de que sustituya puestos de trabajo reales.
La economía va bien, según dicen
De cara a la galería, todo parece estable. La tasa de desempleo es baja, la bolsa sube y los resultados de las empresas son sólidos. Y aun así, seguimos viendo cómo decenas de miles de personas pierden su puesto.
¿Tiene sentido? Ninguno. El relato económico se ha convertido en una manipulación colectiva donde nos aseguran que el sistema goza de buena salud mientras los síntomas demuestran lo contrario. Cuando compañías con beneficios astronómicos como IBM, Amazon y Google despiden a miles de trabajadores, lo hacen simplemente porque pueden, sin que nadie las obligue.
Es la clase de paradoja que desconcierta a cualquiera. Un familiar pierde su empleo y pasa un año sin encontrar nada, los comercios frenan contrataciones y, en las noticias financieras, todo se define como "resiliente".
Mientras tanto, los ejecutivos calman a los inversores prometiendo que los despidos harán que las operaciones sean más "ágiles". En otras palabras: la acción subirá, que al parecer es la única métrica que importa hoy en día.
La temporada anual de despidos
A estas alturas, las oleadas de despidos en diciembre son casi una tradición. IBM en particular ha convertido las reducciones de plantilla en una cita habitual. Ellos lo llaman "optimización de procesos", y el resto del mundo lo llama una sangría rutinaria.
En esta ocasión forma parte de una corriente más amplia. En sectores que van de la tecnología a las finanzas, los recortes se han sincronizado, e incluso empresas que presentan ganancias históricas reducen su personal. Es una economía que aplaude el encogimiento como si fuera un triunfo.
Alguien preguntó una vez: "¿Por qué nunca vemos un titular que diga: 'La empresa contrata a 6,000 trabajadores gracias a su éxito'?". Porque el mercado no premia la estabilidad ni un crecimiento que beneficie a las personas. Premia los recortes a corto plazo que inflan la cotización. Contratar sugiere costes y despedir proyecta disciplina; una lógica absurda, pero sobre la que opera todo el engranaje.
El coste humano camuflado de "eficiencia"
Hay algo especialmente cruel en despedir a miles de empleados justo antes de las fiestas navideñas. Familias enteras hacen números para pagar facturas, comprar regalos y planificar reuniones cuando, de golpe, reciben la noticia de que su puesto "ya no encaja con las prioridades estratégicas".
Los comunicados de despido se redactan con una frialdad clínica que borra cualquier rastro humano: "reajuste de plantilla", "simplificación operativa", "creación de valor para el accionista". Esas frases se traducen en personas reales saliendo del edificio con cajas de cartón y preguntándose cómo pagarán el alquiler. Detrás de cada celda de Excel hay una vida desbaratada, mientras que en el balance financiero solo figura una línea más bajo el epígrafe de "ahorro".
El entusiasmo de Wall Street ante el ajuste
Lo que no deja de resultar perturbador es cómo el mercado premia esta conducta. Cuando las empresas anuncian despidos, sus acciones casi siempre suben. Cuantas más personas van a la calle, más "eficiente" aparenta ser el negocio, convirtiéndose en el único ámbito donde el sufrimiento colectivo se traduce directamente en aplausos financieros.
Es el mercado en su versión más cruda, donde recortar gastos es la virtud suprema, aunque implique desmantelar a los equipos que hicieron que la compañía fuera próspera.
Un responsable técnico compartía hace poco cómo su empresa recortaba personal de forma arbitraria mientras las ventas y los beneficios batían récords. "Tenemos proyectos contratados hasta el año que viene", explicaba, "pero la dirección quiere 'ajustar operaciones', sin pararse a pensar en lo que eso significa en la práctica".
Una disciplina puramente teatral, con el dolor ajeno montado como espectáculo.
El espejismo de la "innovación"
El equipo de comunicación de IBM venderá esto como un giro audaz hacia la preparación para la IA. Por lo que se observa, estos despidos responden mucho más a una cuestión de imagen que a cualquier necesidad técnica real.
Anunciar un "giro estratégico hacia la IA" suena visionario, mientras que admitir que eliminas empleos para cumplir objetivos de beneficio trimestral suena despiadado. Las empresas optan por lo primero esperando que la opinión pública lo acepte sin rechistar.
La IA no está quitando estos puestos de trabajo; los están quitando los directivos. La IA es solo un argumento sin sustancia detrás, una cortina de humo para que el recorte tradicional suene moderno. Si hay alguna innovación aquí, reside en el control del relato.
La perspectiva general
La decisión de IBM forma parte de una tendencia creciente que deja al descubierto la distorsión de los incentivos actuales. Vivimos en un entorno donde:
- Los beneficios alcanzan máximos históricos.
- Las cotizaciones bursátiles se disparan.
- Aun así, a la gente le cuesta encontrar o conservar un empleo estable.
Podemos llamarlo exceso de avaricia en lugar de falta de mano de obra. Las corporaciones despiden a trabajadores porque el sistema las premia por mostrarse "disciplinadas", incluso cuando no pasan apuros económicos. Cuanta menos gente haya en nómina, más engordan los márgenes y más sonríe Wall Street. El coste humano de esa fórmula jamás se menciona en las conferencias de resultados.
El espejismo de la IA
Lo más inquietante es lo bien que ha funcionado el relato de la IA.
Si una empresa reconoce que despide para ganar más dinero, suena frío. Si afirma que lo hace por la "transformación con IA", suena visionario, y los trabajadores pasan a considerarse daños colaterales del progreso cuando en realidad son víctimas de la codicia corporativa.
Esa es la trampa. La IA funciona como justificación y como escudo moral, haciendo que el perjuicio parezca inevitable, como si hubieras perdido tu empleo ante la llegada del futuro y no por culpa de una hoja de cálculo diseñada para abaratar costes.
La realidad resulta mucho menos romántica. La tecnología todavía no puede reemplazar la mayor parte de las tareas que realizan las personas, y la falsa creencia de que sí puede sirve para justificar decisiones que se habrían tomado de todos modos. La "economía de la IA" tiene más de escenografía que de tecnología: un mito muy conveniente para un entorno empresarial que busca eliminar la empatía de su modelo de negocio.
¿Y ahora qué?
Resulta fácil sentirse impotente ante este panorama. Quizá el primer paso consista en dejar de creer los comunicados de prensa. Dejar de llamar "transformación" a los despidos, dejar de fingir que echar a trabajadores es "innovación" y no permitir que las palabras de moda oculten que empresas rentables eligen recortar personal simplemente por cuidar las apariencias.
La historia muestra cómo terminan estas situaciones. Primero llegan los despidos y luego las justificaciones. Con el tiempo, cuando la burbuja se desinfla, los mismos directivos que hablaban maravillas del "futuro" reconocen sin aspavientos que prometieron demasiado. Ya lo vivimos antes: en 2007, en 2020 y ahora de nuevo en 2025. Década distinta, idéntico ciclo.
El verdadero regalo de IBM
No maquillemos la realidad. El "regalo navideño" de IBM para su plantilla es una carta de despido envuelta con esmero en una nota de prensa y etiquetada como progreso y transformación impulsada por IA.
Es la felicitación navideña de la empresa moderna: "Valoramos a nuestra gente, salvo a los que acabamos de eliminar".
También sirve de recordatorio de que en la economía actual la lógica ha dejado de sostenerse. Los beneficios suben, los puestos de trabajo desaparecen y la sustitución que todo el mundo achaca a las máquinas está orquestada por ejecutivos de carne y hueso.