
¿Por qué tantos expertos dejan VMware en 2025?
Durante años, VMware fue la base inquebrantable de la virtualización empresarial, el estándar de oro y el nombre que ponías en el currículum si querías que te tomaran en serio en infraestructura de TI. En 2025, sin embargo, muchos profesionales veteranos de VMware se plantaron, miraron a su alrededor y dijeron: «Se acabó». Para muchos de ellos fue una toma de conciencia tanto como una migración tecnológica.
Las secuelas de la eliminación de VVF
La primera ficha del dominó fue la desaparición de VVF, VMware vSphere Foundation. Para muchos especialistas de TI era el punto de equilibrio perfecto: precio ajustado, las funciones adecuadas y flexibilidad de sobra para la mayoría de entornos de clientes. Broadcom, recién salida de su ola de compras, no modificó el SKU. Lo fulminó.
Ahora los comerciales de VMware promocionan VCF, VMware Cloud Foundation, como la nueva opción predeterminada, pero el argumento no convence. «¿Cómo le vendes VCF a alguien que no necesita NSX, Aria Automation y todos los añadidos?», preguntó un usuario veterano. El silencio posterior pesó más que cualquier presentación comercial.
Algunos intentaron aguantar, confiando en que los descuentos de transición o los cambios estratégicos suavizaran el golpe. En lugar de eso, los precios se dispararon. «Estábamos listos para pagar por VVF», compartió un administrador, «pero retirar el SKU y multiplicar por 4 el precio de Enterprise+... me voy».
Salir de la zona de confort, directo al fuego
Para muchos, 2025 se convirtió en una evolución forzosa. Expertos certificados en VMware, algunos con más de una década de experiencia práctica, se encontraron de repente aprendiendo Proxmox, desempolvando sus conocimientos de Hyper-V o explorando Nutanix y KVM solo para seguir adelante.
Una publicación dio en el clavo con el sentir general: «2025 fue el año en que muchos expertos en VMware salieron de su zona de confort para explorar alternativas... y las encontraron».
Algunos optaron por una jubilación discreta, retirándose con elegancia antes que reinventarse a los 59. Otros se volcaron por completo en actualizar sus competencias. Un ingeniero comentó: «Pasé la primera mitad del año metido a fondo en VCF para mantener el homelab funcionando. Luego me sumergí en Proxmox. Después en Hyper-V. Más tarde en OpenShift. Ha sido un no parar».
La curva de aprendizaje ha sido exigente para algunos, pero muchos descubren que los conceptos de virtualización son universales y que casi todo se reduce a cambios de sintaxis.
Proxmox: ¿el ganador inesperado?
Nadie imaginó a Proxmox como el héroe de esta historia. Es de código abierto, cuenta con un equipo relativamente pequeño y durante años se consideró una solución para homelab. De pronto es el nombre que está en boca de todos, tanto en laboratorios como en entornos de producción.
«Hicimos una migración completa en menos de 3 semanas», explicó un equipo de TI. «Ha resultado estable, rápido y cuesta una fracción de lo que cobraba VMware». Un administrador incluso presumió de saturar enlaces iSCSI con Proxmox, exactamente igual que hacía con VMware.
No es perfecto, desde luego. La ausencia de algo equivalente a DRS (Distributed Resource Scheduler) sigue frenando su adopción en entornos de alto rendimiento con picos de carga. Algunos ingenieros improvisan scripts de automatización o prueban balanceadores de carga de terceros, mientras otros simplemente esperan que el equipo de Proxmox alcance pronto la paridad de funciones.
Aun así, cuando los tickets de soporte se resuelven en menos de una hora y no tienes que escalar por 3 niveles de soporte deslocalizado, cuesta no valorar esa rapidez de respuesta. «En veinte años con VMware, jamás vi nada parecido», confesó un antiguo cliente.
Hyper-V: todavía en juego (a duras penas)
Hyper-V también recibió una segunda oportunidad este año. Para algunos es una elección directa: viene incluido en los acuerdos Enterprise de Microsoft, se integra a la perfección con las herramientas existentes y resulta suficientemente maduro para muchas cargas de trabajo.
Ahí suele terminar el entusiasmo. Las quejas de siempre reaparecen puntuales: sin soporte nativo para NFS, pesadillas con las actualizaciones, dependencias de Active Directory y consolas de administración inconexas. «Parece una solución armada a parches que nunca recibió el pulido que necesitaba», se quejó un administrador.
Aun así, si la alternativa es pagar los sobrecostes al estilo Broadcom por funciones innecesarias, algunos equipos de TI prefieren convivir con esas peculiaridades.
La revolución del homelab
Una de las tendencias más llamativas es la transformación del homelab en un banco de pruebas para soluciones empresariales. Cada vez más ingenieros ejecutan Proxmox, Nutanix CE, KVM e incluso OpenShift en casa, utilizando esas configuraciones tanto para pruebas reales y despliegues como para experimentar.
Los homelabs se han convertido en el espacio para reciclarse y evaluar arquitecturas de nueva generación. «Si consigo que sea estable en mi homelab», decía un ingeniero, «sé que puedo escalarlo para clientes».
No todos coinciden. Un comentario capturó el escepticismo a la perfección: «Si tu respuesta para la infraestructura corporativa es "lo sustituyo por lo que tengo en casa", te has equivocado de camino en alguna parte».
Puede ser. O quizá sea otra señal de que las viejas formas de probar y certificar soluciones también están cambiando.
El problema de marca de Broadcom
La tecnología de VMware sigue siendo de primer nivel, y nadie discute eso en serio. vSphere está curtido en mil batallas, DRS funciona de maravilla, vSAN es sólido y NSX resulta potente cuando se implementa bien. El problema actual es el modelo comercial alrededor de esa tecnología.
Como resumió un administrador de sistemas: «Aunque quieras quedarte en VMware, como proveedor mediano, literalmente ya no puedes comprar las licencias que necesitas».
Otros lamentaban la volatilidad de las tarifas, los SKU desaparecidos, las sorpresas constantes y unos modelos de canal que forzaban decisiones incómodas. «¿Su solución?», ironizaba un ingeniero. «Vende tu hardware a un partner. O mejor todavía: vende tu empresa entera a un partner».
Los clientes solo aguantan cierto nivel de bandazos antes de abandonar el barco, incluso para adentrarse en aguas desconocidas.
No todo el mundo se marcha
VMware no está acabado. Algunos grandes actores están reforzando su apuesta, y ciertos clientes van con todo a por VCF y la pila completa de nube privada: NSX, Aria, VKS, Avi y el resto de piezas.
«A pesar de lo que se comente, hay muchísimas empresas que buscan exactamente lo que VCF ofrece», apuntó un profesional. «Y lo hace extraordinariamente bien».
Para otros, la dependencia del ecosistema resulta sencillamente demasiado fuerte para romperla. Herramientas como Zerto y Veeam cuentan con integraciones profundas en VMware que otras plataformas aún no igualan, y ciertas cargas de trabajo son demasiado críticas o están demasiado personalizadas como para moverlas.
Por tanto, la marca VMware conserva su peso, pero el péndulo se mueve, y muy deprisa.
Adaptarse o dar un paso al lado
Para algunos, 2025 ha sido un año agotador, mientras que otros ven una oportunidad. Como apuntó un comentarista: «¿Lo de Broadcom? Ya lo vivimos antes. Novell. Lotus Notes. Esto no es más que otro giro de timón».
Los mejores ingenieros se toman este momento como una vía de evolución personal y una oportunidad para evaluar plataformas, replantear procesos y adquirir nuevas habilidades. Ya sea Proxmox, Nutanix, Hyper-V, OpenShift Virtualization o cualquier otra alternativa, el próximo capítulo de la virtualización no se escribirá únicamente en vSphere, y a juzgar por la oleada de salidas, ya no lo está haciendo.