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    SolarWinds imita la estrategia de precios de Broadcom y sus clientes se rebelan

    26 de junio de 2026
    10 min de lectura

    La subida de precios llegó con un exceso de confianza

    Los clientes de SolarWinds están enfadados, y ese malestar tiene una forma muy definida. Cualquier profesional de TI conoce de sobra la historia de cómo el software vuelve a encarecerse, de modo que eso por sí solo no explica la situación. El reproche es más incisivo: SolarWinds parece inspirarse en la jugada de Broadcom con VMware y asumir que puede aplicar la misma fórmula, con tarifas más altas, permanencias obligatorias de varios años en suscripción, escaso margen de negociación y la idea de que los clientes protestarán en reuniones internas para acabar pagando porque marcharse duele más que quedarse. Ahí es donde la analogía se quiebra. VMware se sitúa en los cimientos mismos de la infraestructura. El monitoreo de redes, por laborioso que resulte sustituirlo, no siempre tiene ese mismo peso. Un cliente desencantado lo expresó sin rodeos: SolarWinds no es Broadcom y SolarWinds no cuenta con un producto del calibre de VMware.

    Eso hace que esta indignación se distinga del enfado habitual en época de renovaciones. Los clientes denuncian cotizaciones desorbitadas y añaden que SolarWinds ha calculado mal su propia posición de fuerza. Un fabricante puede encarecer sus licencias cuando sus usuarios se sienten atrapados o cuando su herramienta es tan neurálgica que abandonarla implicaría un proyecto de riesgo crítico. Si los administradores consideran que pueden reemplazarla en un día, tres días o un par de semanas, la maniobra tarifaria deja de parecer un golpe de autoridad y se percibe como un desafío abierto. Y muchos administradores parecen dispuestos a recoger el guante.

    La comparación con Broadcom es un agravio y una advertencia

    Las subidas de precios de Broadcom en VMware se han convertido en una referencia compartida en los entornos de infraestructura. Ya no hace falta detallar cada cláusula de licenciamiento. Basta pronunciar "Broadcom" para evocar un escenario claro: renovaciones traumáticas, empaquetamiento forzoso, paso unilateral a suscripción y clientes atrapados entre una factura desmedida y una migración dolorosa. Que comparen a SolarWinds con ese modelo no es ningún elogio. Implica que los clientes sitúan al fabricante en el mismo cajón de los proveedores que concluyeron que exprimir su ventaja comercial era más rentable que cultivar la fidelidad.

    Lo más significativo es que los usuarios no consideran que SolarWinds se haya ganado semejante posición de dominio, y las críticas iniciales casi ironizan con la comparación. Sustituir VMware suele ser una transformación arquitectónica mayor: afecta a computación, almacenamiento, operaciones diarias, recuperación ante desastres, automatización, perfiles técnicos, normativas de cumplimiento y todas las peculiaridades construidas en torno a la virtualización. Reemplazar SolarWinds puede ser complejo, en particular en entornos consolidados con años de paneles, alertas a medida y rutinas de informes, pero no siempre exige una intervención quirúrgica de esa magnitud. En muchas organizaciones el monitoreo de redes es relevante, pero reemplazable, y ese matiz marca la diferencia.

    Un comentarista afirmó que ya había desmantelado VMware a raíz de Broadcom y que SolarWinds sería el siguiente en salir. Esa actitud mental resulta peligrosa para cualquier fabricante, porque las presiones de precios acaban creando memoria operativa además de resentimiento. Cuando un equipo de TI sobrevive a la compleja salida de un proveedor, la siguiente ya no parece inalcanzable. La primera migración demuestra a compras, a la dirección y al equipo técnico que el cambio más temido es realizable. Así que cuando SolarWinds se presenta con una permanencia obligatoria de tres años en suscripción, algunos clientes no piensan que carecen de alternativas; piensan que toca repetir el proceso.

    En las respuestas se percibe también un orgullo herido. En la práctica, los clientes le piden a SolarWinds que reconozca sus límites. Suena tajante, pero en las relaciones con proveedores la relevancia percibida lo condiciona todo. Si un producto es verdaderamente insustituible, las empresas actúan de otro modo: negocian con prudencia, protestan con discreción y adaptan su planificación a la evolución del fabricante. Cuando empiezan a pedirle que no sobrepase sus atribuciones, dejan de tratarlo como una pieza sagrada de su infraestructura y pasan a verlo como una herramienta que ha sobrestimado su valor.

    Las alternativas son imperfectas, pero pueden bastar

    La primera vía de escape mencionada fue PRTG, descrita por el autor de la consulta como asequible y adecuada para su organización. Luego surgió el matiz: otros profesionales intervinieron para recordar que PRTG también modificó su esquema de licencias y, según varios testimonios, llegó a triplicar tarifas. Esto echa por tierra la idea de que sea posible saltar de un proveedor exigente a un entorno económico impecable sin fricciones. Gran parte del sector del monitoreo persigue esos mismos ingresos por suscripción. Un usuario lo resumió con sobriedad: muchas herramientas de monitoreo cambiaron de modelo sencillamente porque así obtienen mayores beneficios.

    Eso no alivia la situación de SolarWinds. Que PRTG pueda ser más costoso hoy no concede vía libre a SolarWinds; solo hace más compleja la búsqueda de sustitutos. Los clientes examinan Zabbix, LogicMonitor, PRTG, Domotz y otras soluciones con el pragmatismo de quien no espera la perfección absoluta. No buscan necesariamente la mejor herramienta en abstracto, sino una alternativa que les permita escapar de una trampa de renovación.

    Zabbix concentró gran parte del interés porque representa la ruptura más clara frente a la presión de las suscripciones. Un participante se limitó a señalar que Zabbix queda fuera de esa dinámica de encarecimiento continuo, un argumento contundente en un mercado donde cada función tiende a transformarse en ingreso recurrente. Zabbix acarrea el peaje habitual: mayor esfuerzo manual, despliegue más laborioso, necesidad de ajuste fino y dependencia de conocimientos técnicos internos. Un usuario indicó que resulta una alternativa sólida si asumes el trabajo manual. Otro explicó que una prueba de concepto evidenció que todo lo necesario requería desarrollo a medida, lo que aumentaba el gasto en soporte. Lo gratuito tiene coste; solo figura en otra columna contable.

    LogicMonitor también dividió opiniones. Un cliente explicó que migró hacia allí porque resolvía gran parte del trabajo manual y le resultaba más cómodo que SolarWinds. Otro apuntó que LogicMonitor es superior, pero sensiblemente más caro. Hubo quien manifestó su descontento porque tareas sencillas en SolarWinds pasaban a requerir configuraciones personalizadas en LogicMonitor. Cada salida entraña fricciones, tarifas particulares, curvas de aprendizaje y molestias operativas. Sin embargo, cuando SolarWinds desajusta las cuentas en esta medida, esos inconvenientes dejan de ser impedimentos y se convierten en criterios de evaluación.

    Los clientes están molestos y echan cuentas

    Los comentarios más demoledores no son los más airados, sino los que aportan cifras. Un cliente explicó que una renovación de $35,000 se convirtió en $180,000. Nadie asume un incremento así con un simple encogimiento de hombros y un reajuste de partidas. Provoca reuniones urgentes, escalados internos y una negativa rotunda en la que el equipo opta por suspender la renovación de soporte mientras prepara el salto a otra solución. Con cifras de esa magnitud, la ventaja del proveedor establecido se disuelve. La migración pasa a contar con presupuesto asignado y la sustitución capta el interés de la dirección: lo que antes era una posibilidad lejana se convierte en un proyecto para el trimestre en curso.

    Es aquí donde SolarWinds asume su mayor riesgo. Un fabricante solo puede apoyarse en la inercia hasta cierto límite. Cualquier administrador valora no tocar lo que funciona. Los entornos de monitoreo acumulan un enorme conocimiento interno: particularidades de SNMP, supresión de alertas, mapas antiguos, pantallas del NOC, agrupaciones de dispositivos, ventanas de mantenimiento e informes creados a petición de un directivo hace un lustro. Todo ese entramado actúa como barrera defensiva, pero esa barrera se desmorona cuando la oferta de renovación roza el absurdo.

    Varios clientes comparan ya el coste del tiempo de inactividad, las horas de migración, la consultoría externa, el soporte y la formación frente al desembolso de quedarse. Son malas noticias para SolarWinds, porque en cuanto los clientes inician ese cálculo, la relación comercial cambia de raíz. SolarWinds era la opción predeterminada; ahora debe justificarse frente a alternativas de mercado, dedicación de recursos propios y soluciones que simplemente cumplen el cometido. Para un fabricante consolidado, perder la condición de estándar por defecto resulta crítico: aún puede cerrar acuerdos, pero está obligado a disputarlos uno a uno.

    El debate es tanto técnico como de confianza. El autor del hilo recordó el incidente de seguridad de SolarWinds como argumento de por qué la compañía no debería actuar como si gozara de una ventaja indiscutible. Es una herida sensible. Los clientes recuerdan los fallos de seguridad, los episodios graves y si un proveedor comprometió su credibilidad interna. Cuando una empresa con esos antecedentes impone un compromiso de tres años, algunos usuarios perciben arrogancia en vez de estrategia. Además de cuestionarse si pueden sustituir la herramienta, se preguntan por qué deberían premiar esa conducta.

    Se han formado tres bandos y ninguno favorece a SolarWinds

    El primer bando ha dado por cerrada la etapa. Son clientes decididos a desinstalar SolarWinds, prescindir del soporte o migrar a cualquier alternativa que rompa la dinámica actual. Pueden subestimar el esfuerzo, toparse con lagunas durante la transición o descubrir que la herramienta sustituta es menos completa en aspectos que daban por sentados. Con todo, la decisión está tomada en el plano de la confianza, y SolarWinds solo los recuperaría con un giro radical en precios, actitud o valor del producto.

    El segundo bando muestra enfado pero mantiene un enfoque pragmático. Saben que SolarWinds aún resuelve bien ciertas tareas. Un profesional apuntaba que LogicMonitor requería desarrollos específicos para acciones simples en SolarWinds, y eso cuenta. SolarWinds ofrece una usabilidad probada en flujos de trabajo concretos, y prescindir de ella podría generar más desorden que ahorro económico en determinados equipos. Estos clientes pueden permanecer, pero negociarán con mayor dureza, exigirán contrapartidas y mantendrán abiertas otras opciones. No actúan por lealtad, sino por no ver claro que marcharse compense el esfuerzo en este momento.

    El tercer bando observa que todo el mercado de monitoreo avanza en idéntica dirección. PRTG, LogicMonitor, SolarWinds y otros participan de una transición general hacia modelos de suscripción y tarifas superiores. Bajo esta óptica, SolarWinds no es especialmente perverso; representa a otro fabricante que hace lo habitual cuando los inversores reclaman crecimiento e ingresos recurrentes. Es la postura más pausada, pero dista de ser tranquilizadora: si todos los fabricantes incrementan precios, las organizaciones pueden volcar esfuerzos en soluciones de código abierto, herramientas especializadas más pequeñas, arquitecturas híbridas o una rotación constante de proveedores.

    Esa es la paradoja. Una presión generalizada hacia la suscripción puede erosionar la confianza hacia todo el software comercial de monitoreo en lugar de normalizar el modelo. Cuando los compradores asumen que cualquier proveedor acabará aplicando la misma subida, planifican su salida desde el primer día: evitan personalizaciones profundas, documentan mejor, exigen portabilidad de datos y tratan las renovaciones como situaciones de riesgo. Las empresas de software no buscan ese tipo de relación con sus usuarios, pero están empujando al mercado a construirla.

    El problema real de SolarWinds: los clientes ven posible la salida

    El mensaje más nítido de este debate no gira en torno a si PRTG es superior, Zabbix gratuito o LogicMonitor rentable. El cambio de fondo es que los clientes de SolarWinds ya no se sienten atrapados. Un fabricante puede sobrellevar quejas mientras sus usuarios perciban que no hay escapatoria; puede soportar bromas ácidas, hilos críticos y reuniones de renovación tensas. Lo que resulta mucho más difícil de sostener es el momento en que los clientes descubren que la puerta de salida está abierta.

    Quizá esa puerta conduzca a Zabbix y a una carga considerable de trabajo manual. Quizá lleve a LogicMonitor con un coste más alto pero menor complejidad operativa, o a PRTG, aun con sus propias particularidades tarifarias. O tal vez desemboque en un esquema mixto donde SolarWinds se mantenga para un único módulo mientras el resto se va desacoplando con el tiempo. El destino exacto importa menos que la dirección elegida: los clientes planifican alternativas, contrastan experiencias y cuestionan abiertamente si SolarWinds merece la confianza que intenta cobrar en estas renovaciones.

    SolarWinds puede pensar que la suscripción forzosa y los compromisos plurianuales representan el modelo de negocio maduro del software, y en una hoja de cálculo quizá lo parezcan. Pero los clientes compran confianza, utilidad y la convicción de que el fabricante entiende su lugar en la organización. Ahora mismo muchos consideran que SolarWinds ha confundido base instalada con lealtad y complejidad de cambio con dependencia absoluta.

    Es un error arriesgado. Broadcom pudo imponer condiciones a los clientes de VMware porque su tecnología está tan integrada que muchas organizaciones debían pagar antes de poder planificar una alternativa. SolarWinds difícilmente cuenta con ese margen. El monitoreo es esencial, pero para muchos equipos no es intocable, y cuando una herramienta prescindible empieza a comportarse como si no lo fuera, los administradores empiezan a buscar la manera de retirarla.